EL CASCABEL AL GATO II

EL CASCABEL AL GATO II

CAPÍTULO II

DE LA OBEDIENCIA “DEBIDA” O MANU MILITARI

 

MANU MILITARI

Todo  en la Administración Tributaria Estatal  parece obedecer a un plan perfecto para que ese poder en la sombra de la legalidad, y por añadidura nada transparente, funcione como una maquinaria perfectamente engrasada donde el que se mueve no sale en la foto. Pero, ¿Como conseguir esa OBEDIENCIA DEBIDA?  Pues MANU MILITARI., a saber: los que vamos teniendo algunas canas y  tuvimos  la experiencia de hacer “la mili”, conocemos muy bien el lenguaje cuartelario de los oficios y los escritos dirigidos desde los mandos a la tropa. La lectura de cierta documentación interna de la organización tributaria, a la que esta asociación ha tenido acceso, resulta extraordinariamente evocadora de aquellos tiempos, aquellas circunstancias y sobre todo aquel lenguaje y aquella actitud.  De donde si no se les iba a ocurrir aprobar normas que afectaban a la retribución de los funcionarios, saltándose las más elementales normas laborales.  Tuvo que venir la Audiencia Nacional a decirles en cristiano: ¿Pero ustedes de que van?

Una de las piezas claves del funcionamiento de la  Hacienda Pública, lo constituye el cuerpo de la Inspección Tributaria. La élite dentro de la organización. Son un cuerpo de funcionarios  técnicamente muy cualificados y corporativamente muy diferenciados.  Tras pasar unas oposiciones muy duras pasan un año en la escuela de Inspección de Hacienda y salen con una sólida capacitación. Pues bien, del poco más de 27.000 funcionarios de la Agencia Tributaria, solo poco más 1500 son inspectores de tributos. Para que nos hagamos una idea  existen más notarios y jueces en este país. Todo lo anterior redunda en su fuerte  sentimiento corporativo. Es en esta élite, en este grupo de elegidos, en los que la AEAT deposita el peso efectivo de la consecución de uno   de sus principales objetivos, RECAUDAR.

 

Pues bien para el cumplimiento de estos objetivos con la máxima eficacia, celeridad y ausencia de contestación, entre otros, la AEAT utiliza dos recursos con una alta capacidad de convicción; la promoción interna y la retribución variable (BONUS) o incentivo a la productividad 

 

"DE LA OBEDIENCIA DEBIDA"

En relación a la promoción interna, baste dar unas cifras muy explícitas, de los poco más de 1500 inspectores tributarios cerca  de 600 ocupan puestos de “libre designación”. Puestos que suponen posibilidades de promoción, de ascensos y de mejora económica. Entre otras, prácticamente todas las jefaturas son de “libre designación”. ¿Hacia  dónde nos lleva esto?  Pues a que ese aproximadamente  40% de fuerza de élite, que suponen los inspectores de tributos, sobre los que recae el peso de la mayor parte de las cotidianas decisiones   ejecutivas, tiene un puesto del que pueden ser removidos en cualquier momento por algo tan volátil, tan etéreo  como la pérdida de confianza. De ahí la obediencia debida. Todos esos puestos tienen cola de candidatos a la espera, el titular lo sabe y lo que es peor, una vez que en un colectivo tan pequeño se te retira la confianza no es fácil  volverla a recuperar. Tu carrera está acabada. Es lo que llamaríamos  una manzana envenenada. En suma la organización está pensada para estimular afectos inquebrantables al servicio de la “cúpula”. La política del palo y la zanahoria en palabras del magistrado Navarro Sanchís. Y no es que no exista desencanto y protestas por parte de los inspectores tributarios con el sistema de palo y zanahoria, lo hay, pero con bastante poca influencia, hasta la fecha.

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