CONOCE A TU ENEMIGO (I)

CONOCE A TU ENEMIGO (I)

LA AGENCIA FUE CREADA Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS.

(La envidia y la resistencia al cambio perfiles de un tipo de funcionario)

La creación de la Agencia Estatal de la Administración tributaria (AEAT) se produce durante el mandato de Felipe González y supone una auténtica revolución  institucional en el campo de los impuestos. El modelo que se sigue copia en gran medida al anglosajón. La estrategia inicial pudo deberse al espíritu recogido en la famosa frase de Alfonso Guerra, a la sazón vicepresidente del gobierno, en la que se pretendía que a España no la reconociera  “ni la madre que la parió”.

Desde un principio se tuvo muy claro que la AEAT debería de estar dotada de herramientas muy valiosas y distintivas del resto de las administraciones públicas. Desde el principio se le dotó de una importante autonomía en materia de recursos humanos y en materia presupuestaria.

Pero ay de aquellos que osen intentar cambiar algo sustancial dentro del cuerpo de funcionarios. Los creadores, automáticamente se encontraron con la oposición del “cuerpo”. ¿Las razones? las más antiguas y esclerotizantes de las que padece la Administración pública en general, a saber: de un lado la envidia  de aquellos que no iban a formar parte del proyecto y de otro lado la resistencia al cambio de los obligados a participar en el proyecto. No fueron ajenos a las críticas toda una cohorte de catedráticos y profesores universitarios que vieron en este cambio revolucionario una oportunidad de capitalización del proyecto por la vía de conferencias y sesudos dictámenes bien remunerados.  Hoy, tiempo después y a la vista de los resultados, muchos  andarán  eliminando de su currículum las conferencias y los dictámenes apocalípticos sobre el error de la creación de semejante engendro (así lo llamaban).

 

NI BLANCO NI NEGRO, SINO TODO LO CONTRARIO

(El ciudadano indefenso frente a la inspección)

La AEAT hoy por hoy tiene un reconocimiento internacional, que como siempre ocurre, no se da “intra muros”

Dicho lo anterior, ni todo es blanco ni todo es negro. En este debate de luces y sombras existen algunas sombras, quizás las menos, pero muy oscuras y alargadas. En el campo positivo conviene destacar la utilización de los más modernos medios tecnológicos al servicio de sus funciones que la convierten probablemente en una de las más modernas del mundo. 

Sin embargo y paradójicamente, en el otro platillo de la balanza está la lucha contra el fraude fiscal. La paradoja radica en que mientras no paran de crecer los resultados obtenidos,  sin embargo lo que deja mucho, pero mucho que desear, es la forma en que se obtienen estos resultados. En definitiva y para no inducir a error, cabe decir sin ningún género de dudas, que si bien es cierto que son muchas las inspecciones llevadas a cabo de manera eficiente y respetuosas con los derechos del contribuyente, no es menos cierto que coexisten actuaciones inspectoras, en número importante, en las que se realizan  comprobaciones  inspectoras y se dictan liquidaciones que son todo lo contrario.

Lo peor de todo no es solo que esto esté ocurriendo en el día a día. Lo peor es que ocurre porque no se establecen cortafuegos que lo impidan por parte de quienes tienen la responsabilidad  de velar por que esto no ocurra y, en su caso, crear los mecanismos que lo impidan.

Todo esto literalmente lo que origina es una situación de indefensión por parte del ciudadano frente a la inspección, del todo  intolerable.

 

Fuente. Estado Fiscal y Democracia.

Aut: Ignacio Ruiz Jarabo. Edit. Tirant Lo Blanch. 

Opinión Dávide.

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